Historias Eróticas

La Arquitecta: Relato Erótico No. 2

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Había trabajado mucho esa semana, llevaba un ritmo incesante y el estrés se acumulaba. El día anterior un mensaje de WhatsApp llegó a su teléfono:

– Ven y desestrésate conmigo, flaquita complaciente con ganas de disfrutar. 😍

No debería, pero la imagen menuda del mensaje era muy tentadora. Contestó el mensaje pidiendo más información y en seguida le mandaron las condiciones del servicio y el costo, nada mal, pensó. Pero siguió trabajando, igual la idea se desvanecería pronto.


– Ándale pinché flaca, deja de estar mamando la verga y dime si vas a trabajar hoy. No mames que ando bien eriza.

– Ya te dije que sí, saliendo de la clase, pero cuántos clientes me vas a poner.

– Los que salgan mijita, con eso de que estás bien pichi desnutrida, a ver qué chingados sale… Métete a bañar ese culo para que no llegues tan apestosa culera…

– No mames pendeja, ya voy.

Sarahí tomó sus cosas de baño apresuradamente, cogió una toalla y se metió al baño. Se fue desnudando y su esbelta figura contrastaba contra la vieja pared enmohecida del baño. Su piel morena era tersa, aterciopelada, con poco vello. Tan poco que prefería dejarse el vello púbico al natural, le gustaba, especialmente después de tener sexo, ya que sentía que se quedaba con un olor que le agradaba.

Comenzó a tallarse el cuerpo y la jabonadura cubrió su desnudez por un instante. Tomó un poco de agua con una jícara de la cubeta que le había preparado la china, y se enjuagó. El agua fue descubriendo su cuerpo, rebotando en sus firmes senos y relajando sus erectos pezones.

Al ir quitando el jabón de su entrepierna, sintió su clitoris un poco excitado, se había quedado con ganas de la otra ocasión. Comenzó a tocarse con los dedos lentamente, haciendo pequeños círculos alrededor de su clitoris, hasta que quedó bien duro. Su vagina lubricaba ese líquido espeso, pegajoso y suave que tanto le gustaba. Se metió dos dedos a su vagina y siguió en un frenético vaivén hasta que un sollozo seco terminó con el movimiento.

– ¡Ya! Exclamó… Su boca quedó medio abierta, mientras disfrutaba inmóvil, el recuerdo de su reciente orgasmo.

Es tarde, pensó. Terminó de bañarse y se apresuró para arreglarse e ir a la universidad.


El golpeteo de los dedos sobre la pantalla del celular revelaban su ansiedad. No había probado polvo desde un día antes, ya era demasiado para soportar.

– Te vas a animar mi amor? ❤️❤️❤️

– Tengo mucho trabajo, pero sí nena 😘

– A qué hora te agendo???? 😈🔥🔥

– A las 6 puedes?

– Sipí mi amor 😘 qué hotel?

– Roma Amor

– OK amor, te instalas media hora antes y me avisas, vale?

– OK

– Espero tu mensaje 😍😍😍

-😘😘😘

😘😘😘


Ra🏨 6 pichi flaka

– Mueve el culo y no llegues tarde

– Puta China, siempre con tus mamadas

– Chingas a tu madre pendeja 🤣

– No mames 🙏

– 6 culera

– Chido


Salió de su clase de psicología apresuradamente, esa tarde habían estado discutiendo a Freud, le parecía muy interesante y su mente estaba ávida de conocer más del tema. No esperó más y siguió leyendo su libro, mientras iba en la combi hacia el metro. Combi, metro, camión, camino un poco y llego.

🔔🔔

– Ya confirmó el viejo flakita

– OK roma amor, verdad? ya voy

– Sipi, me avisas cuando llegues, y apenas te pague me depositas en el OXXO.

– Ya sé, gracias 🙏

– 1,800 culera

– 👍👍

Salió del metro apresuradamente y comenzó a caminar hacia la ruta de camiones que pasaban cerca del hotel. No llamaba mucho la atención, era como cualquier otra estudiante saliendo de la escuela y dirigiéndose a su casa. En su cabeza estaban los planes de lo que iba a hacer con el dinero, ya tenía programado en que iba a gastar eso. Abordó su camión y el trayecto transcurrió sin complicaciones, se bajó en la parada más próxima al hotel y comenzó a caminar.

Nunca había estado en ese hotel, le habían dicho que estaba bonito. – Ahí está, pasando la gas. – Pensó. Se detuvo un instante, atrás de una jardinera y sacó una minifalda y unos tacones de la mochila, se puso la falda sobre el pantalón apresuradamente, se quitó los tenis, su pantalón y se colocó los tacones. Guardó todo en la mochila y busco su labial favorito ahí dentro. Tenía todavía ese pequeño espejo que era de un rubor que ya se había agotado, pero le encantaba ese espejo. Se colocó labial en la boca, cuidando de no pasarse de más, y un poco en las mejillas, las frotó rápidamente y se alació un poco el cabello con los dedos. – ¡Lista! – Pensó.

Llegó al hotel, era curioso, pero llegaba el olor de la gasolinería de enfrente hasta la entrada.

– No me pasaste el número de cuarto pendeja

– 2010 ya llegastes

– 👍👍

Entró apresuradamente, ya iba un poco tarde, y no quería demorar demasiado.

– Voy a la habitación 2010 por favor.
– Identificación.
Buscó entre sus cosas, por suerte la encontró.
– Aquí.
– Espera un momento… Señor, ¿espera una vista? Gracias, ya sube. Por el elevador a la izquierda, segundo piso.
– Gracias, ¿tiene condones?
– 100 pesos.
– Gracias.

Subió al elevador, todavía se arregló un poco el cabello con las manos.

Llegó a la habitación y tocó la puerta mientras se humedecía los labios, el pasillo estaba iluminado a media luz de color verde, sus largas piernas destacaban su hermoso cuerpo y aquella minifalda blanca apenas tapaba sus glúteos y cualquier movimiento dejaba ver de más. Llevaba un top blanco y una tanga de encaje carmesí con abertura al frente.

Se escucharon unos pasos y la puerta se abrió. La habitación estaba a media luz, entró, mirando para todos lados como revisando que todo estuviera bien.

– Ya estoy en el cuarto china

– ok, una hora, cualquier cosa me avisas pendeja, cojes rico culera

– Hola.
– Hola, ¿cómo estás?
– Bien, gracias, una hora ¿verdad?
– Sí.
– Son 1,800.
Extendió la mano y le dio cuatro billetes de 500. – Te doy.
– ¿No traes cambio?
– No, no te preocupes, luego nos arreglamos.
– ¿Qué vas a querer? ¿Algún extra?
– Vamos viendo…

Se aproximó a ella, no llevaba puesto ningún perfume, sólo el olor del shampoo de su cabello y el olor de su piel es lo que destacaban. – Déjame voy al baño primero -. Tenía ganas de ir desde que se bajó del camión.

Entró al baño, hizo pipí y aprovecho para refrescarse un poco del viaje, sentía que todos los olores del camino se le habían pegado.

– ¡Ya, estoy lista! – Exclamó. Mientras la tomaba de la cintura y se acercaba para besarla en los labios.
– No doy besos en la boca. – Dijo, y le dio un pequeño y rápido beso en la mejilla. – ¿Qué quieres que te haga?
– Lo que tú quieras preciosa.
– ¿Quieres que te la chupe?
– Sí.

Se acomodó su larga y negra cabellera hacia atrás con las manos y girando rápidamente la cabeza, se acomodó la falda y le abrió el cierre del pantalón, buscó un espacio entre la ropa interior para sacarle su pene y lo comenzó a masturbar con la mano. – Nada mal. – Pensó. Todo se veía bien, rápidamente hizo que tuviera una erección, siguió manipulándolo con la mano, comenzó a gotear lubricación.

Se arrodilló frente a él y abrió la boca como queriendo medir el ancho, le limpió el líquido que salía con la mano y se metió el pene a la boca como probándolo. Comenzó a lamerlo con la lengua, muy despacio, desde la base hasta la punta, varias veces, y con una voz tierna y suave dijo: “te gusta?

Era una experta en el sexo oral, se metió todo el pene hasta llegar a su garganta, los ojos se le ponían llorosos, pero le gustaba. Con la lengua hacia movimientos rápidos sobre la punta del pene, y chupaba la lubricación que salía.

Su cuerpo era hermoso, la miraba ahí, hincada, mientras le seguía mamando el pene, le metió la mano en el top blanco, para sentir sus senos redondos y firmes, no muy grandes, pero totalmente naturales y muy agradables al tacto, sus pezones se pararon con la estimulación de sus manos. Había instantes en que sentía que se iba a venir. La saliva le escurría por su pene, era una sensación muy placentera, se sentía suave, cálido…

La tomó de los hombros y la levantó con gentileza, le quitó el top blanco, mientras ella miraba hacia arriba con una mirada tierna, como sorprendida. Comenzó a besarle los pezones, y lamerlos por todos lados con delicadeza, mientras los sostenía con las dos manos. Bajó una de sus manos a la vagina de Sarahí y pudo sentir los vellos de su pubis, un poco húmedos, hacia el centro, por la lubricación de su vagina. Tocó con delicadeza los labios y sus dedos se deslizaban suavemente.

Se separó de él un instante, se quitó la minifalda y se subió a la cama. – Ven. – Dijo, con una voz tierna. – Acuéstate. – Le desabotonó la camisa y se la quitó. Besando sus pezones le fue desabrochando el cinturón y luego el pantalón.

La excitación aumentaba al ver el cuerpo de Sarahí sólo con la tanga de encaje. Su silueta era perfecta, sus caderas amplías y exquisitas y unas nalgas firmes y paradas.

Le quitó el boxer y tomando el pene con su mano lo comenzó a mamar moviendo la cabeza, como en círculos, el roce de su cabello y de sus pezones se sentía sobre su piel en breves instantes. Su cabello era negro, un poco lacio y largo, con un agradable olor.

De repente se paró, fue hacia sus cosas y sacó un condón, lo abrió con sus dientes, se lo colocó en la boca y se lo puso en el pene, mientras se lo iba introduciendo hasta pasar su garganta. Los ojos le lloraban y parecía que no podía respirar por ese breve instante.

Se colocó sobre él, y agarrando el pene con una de sus manos, se lo introdujo en su vagina. Estaba tan lubricada, que el pene se deslizó en un instante y la penetró hasta el fondo. Entrecerró los ojos, hizo la cabeza para atrás, y arqueándose, dejó salir un quejido, que la dejó sin aliento. Puso sus manos sobre el pecho de su cliente y balanceando su cadera frotaba su clítoris sobre él. Sentía como su pene la llenaba por dentro y tocaba su fondo, como ella le decía.

Después de unos minutos se quitó y se colocó en “cuatro”, con un gesto le indicó que la penetrara rápido para no perder el ritmo. Él la tomó de los glúteos y la penetró. Sus nalgas chocaban con su piel, produciendo un chasquido incesante, su lubricación cubría todo el pene y dejaba escurrir un poco a las sábanas blancas de la cama. Olía a sexo.

Le gustaba esa posición, se vino, y en ese momento paró, se puso una mano en la cadera con la cara hacia arriba y los ojos entrecerrados y la boca semiabierta lanzó un quejido hueco de placer, se quedó quieta sintiendo el pene penetrándola por completo. Un instante después, se colocó boca arriba y abrió las piernas para que la penetrara. Se dejó coger, se vino tantas veces pudo, hasta que su cliente acabó. No habían pasado más de 45 minutos, pero había estado bien.

– ¿Terminaste? Preguntó.
– Sí.
– Te traigo papel, espera. Y se levantó hacia el baño, hizo pipí y regresó con un rollo de papel.

Su rostro estaba sonrojado y su piel se veían más tersa. La tanga había quedado fatal, se la quitó y la echó al cesto de la basura.

– No la tires. Dijo él.
– ¿La quieres? Eso te va a costar extra. – Dijo, soltando una carcajada.
– Está bien. – Sonrió.

Tomo su top y se lo colocó, después se colocó su minifalda y se alació el cabello con sus manos. Se acercó a él y le dijo “bye, mucho gusto”.

– ¿Cómo te llamas? – Le preguntó.
– Sarahí. – Le dijo, con un giño.
– Mucho gusto, igualmente.
– Carlos.
– Encantada, me voy.
– ¿Qué haces además de esto?
– Estudió.
– ¡Ah, qué bueno! ¿Qué estudias?
– Psicología, bueno no… Arquitectura, bueno las dos… Me voy, cuídate mucho.
– OK, tú también, espero verte pronto.

Salió apresuradamente y fue al OXXO a depositarle su parte a la China.

– Ya te deposité, todo bien

– ok, gracias te tardaste culera

– Pinche china. te quiero pendeja ❤️

– ❤️ te aviso si sale otro

– 👍

– 👍💕💕

– 💕💕

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